miércoles, 3 de junio de 2015
Ella lleva un arcoiris en el pelo. Yo dormí y por ratos me hice el dormido todo el camino. Al llegar a la ciudad llovía de una manera sostenida. Habiendo olvidado mi paraguas días antes en un taxi, me enfrentaba a la perspectiva de bajarme del bus para recibir la lluvia sostenida. Eso no es lo grave. Lo grave es que por lo visto ya empezó el del todo el invierno y estará lloviendo a diario. Lo cual quiere decir que mañana por la madrugada, cuando salga para mi trabajo, puede que esté pringando, o incluso lloviendo sostenidamente, y yo sin paraguas. Pero ella llevaba un arcoiris en el cabello. Dentro del autobús que iba con las luces encendidas, como un quirófano móvil, frío y raudo, yo dormía, o fingía hacerlo. Para no hablarle a ella. Porque las cosas que tenía para decirle, iban a resultar como pedacitos de papel tirados a una llama, justo en ese bus, rodeados entre tanto baboso, atarantado. La verdad no quería ensuciar mis palabras con sus impuros oídos. Es cierto, también era un poco de inseguridad, pero había mucho de lo anterior. Únicamente un "hola, ¿Cómo estás? Hoy saliste tarde. Está bien salir a pasear de vez en cuando" Y la primera impresión cuando ella subió al bus: ver esa pañoleta de colores en su cabello. Vestida de negro. Con atuendo de bailarina. Por eso tiene las piernas tan bonitas.
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